martes, 28 de junio de 2011

¿Qué consecuencias produjo la evangelización en el territorio nacional?

Desde los comienzos de la época de la Conquista, los sacerdotes venían dispuestos a evangelizar a los indígenas y convertirlos al cristianismo, con lo que se cumplía el fin espiritual de la colonización.
En un principio, los sacerdotes que se radicaron en Chile fueron capellanes de ejército, que incluso tuvieron que participar en combates más de alguna vez. Más tarde, se dedicaron a convertir a los aborígenes sometidos tras dichas guerras, y otros fueron misioneros en tierras de Arauco.
La institución religiosa tuvo un papel muy importante en la colonización americana, especialmente en Chile. Los Reyes Católicos y sus sucesores estuvieron obligados a promover la evangelización y constituyeron un Patronato Real sobre la Iglesia, por el cual se aseguraba la retribución (remuneración) del clero, la construcción de iglesias, catedrales, conventos y hospitales. El clero también percibía en muchos casos el tributo del indígena y disponía de haciendas trabajadas mediante encomendados, esclavos indígenas o asalariados.
El clero, en esta época, comenzó a aumentar considerablemente. Sólo en Santiago, a mediados del siglo XVII, existían 200 religiosos. Para la Corona era mucho más fácil “dar el pase a América” a las órdenes religiosas y no a muchos sacerdotes en forma individual.
Los dominicos y los franciscanos comenzaron una labor misionera cerca de los pueblos indígenas utilizando la persuasión para convencerlos, aunque también existían algunos evangelizadores que sólo vinieron a hacer fortuna a América.
Los franciscanos fueron los primeros en llegar a Chile, pero además de estas órdenes aquí se encontraban los agustinos, los mercedarios y los jesuitas. Estos últimos, gracias a la influencia del padre Luis de Valdivia y de la guerra defensiva, consiguieron extenderse en la región araucana.

 Los sacerdotes eran las personas más cultas de la época. En el siglo XVI funcionaron escuelas donde enseñaban a leer y escribir a los soldados y más tarde a criollos y mestizos. Eran escuelas básicas, y si alguien quería seguir estudios superiores debía viajar a Perú.
En 1595 los dominicos fundaron el Colegio de Santo Tomás y los jesuitas el de San Miguel, donde se impartían clases de latín, filosofía y teología, destinada a los niños de las familias adineradas. En 1608 se creó el Seminario de Santiago, para la formación de los religiosos. Más tarde, ambos colegios fueron elevados a la categoría de Universidades Pontificias, en 1619 y 1621, respectivamente, por autorización papal.


Los Jesuitas fundaron un internado para jóvenes aristócratas: el Convictorio de San Francisco Javier. Tras la expulsión de esta orden religiosa del país, en 1767, el internado se transformó en el Convictorio Carolino.
Sólo en el siglo XVIII Chile contó con un establecimiento de educación superior, la Real Universidad de San Felipe, fundada en 1738. Sin embargo, comenzó a funcionar en 1759, con cinco facultades.
Las mujeres recibían instrucción en los conventos de monjas, donde aprendían a leer, escribir, bordar, cocinar, cantar, e incluso, bailar.
La Evangelización en América fue la acción misionera realizada bajo la dirección de los monarcas españoles en la América hispana, por concesión papal a través de diferentes bulas.
A partir de la llegada de las primeras noticias del descubrimiento de lo que sería dado en llamar Nuevo Mundo a cargo de Cristóbal Colón, los Reyes Católicos y sus sucesores comenzaron a recibir numerosas concesiones, relacionadas con el derecho de ocupación de las nuevas tierras y el dominio sobre sus habitantes, como una donación papal. El Papa, que tenía la potestad de entregar los territorios recién descubiertos a los príncipes cristianos, en función de este principio repartió el continente americano entre España y Portugal.
En este siglo había en Chile 5 órdenes: Dominicos, Franciscanos, Agustinos, Mercedarios y Jesuitas con 191 religiosos.
Los franciscanos y los dominicos comenzaron una labor misionera cerca de los pueblos indígenas utilizando la persuasión para convencerlos, aunque también existían algunos evangelizadores que solo vinieron a hacer fortuna a América.
Los franciscanos fueron los primeros en llegar a Chile, pero además de estas órdenes aquí se encontraban los mercedarios, los agustinos y los jesuitas. Estos últimos, gracias a la influencia del padre Luís de Valdivia y de la guerra defensiva, consiguieron extenderse en la región araucana.

 Felipe II deseaba erigir en La Imperial un segundo obispado que reforzara la evangelización indígena en la región más resistente a la colonización. El franciscano fray Antonio de San Miguel fue nombrado obispo por el papa para proveer la nueva diócesis, creada en 1564, pero sólo pudo tomar posesión en 1568. Formado en su larga estancia en Perú, el obispo San Miguel defendió a los indígenas y consideró causa de la rebelión el trato que recibían de los conquistadores. La lucha contra los araucanos era una guerra injusta y debía ser condenada. Sus denuncias llegaron al monarca español, quien ordenó en 1572 la supresión del trabajo personal y su sustitución por un tributo en dinero, aunque la medida no fue atendida en la Colonia.
Los obispados, además de las funciones ordinarias y jerárquicas que les eran propias, estaban reconocidos como tribunales eclesiásticos y disfrutaban de una gran influencia sobre el gobierno secular.
La labor misional de los religiosos no se efectuó sólo en las ciudades coloniales o en los límites de las zonas indígenas. Las deserciones en las filas españolas nunca dejaban de producirse. Algunos misioneros siguieron esa misma alternativa y se establecieron entre los indígenas. Paradójicamente, la labor de estos religiosos entre los araucanos, por quienes tomaron partido, favoreció la paulatina integración en la cultura del conquistador y a largo plazo, mediadas derrotas y reveses demográficos, contribuyó a la sumisión al poder de la provincia.
En 1697 se creó una Junta de Misiones bajo el patronato de la Corona. La aproximación a los indígenas con fines evangelizadores y educativos movió a interesarse por la lengua mapuche y por las costumbres de los indígenas todavía no sometidos. La conversión, cuando se producía, no dejaba de revestir formas sincréticas. En 1700, por autorización de la Junta, los jesuitas crearon el colegio para indígenas de Chillan, al que pretendían atraer a los hijos de los caciques.

 En este trabajo pude concluir del porque al mestizaje en el territorio nacional, y que consecuencias nos trajo con si.






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